Hace una semana que el escritor y periodista Màxim Huerta cogió por primera vez el maletín de ministro de Cultura y Deporte. Se lo entregó, entre abrazos y sonrisas, Íñigo Méndez de Vigo, que le comentó: “Seguro que te lo vas a pasar muy bien”. Tras patearse la feria del libro de Madrid, acudir al teatro, vigilar a la SGAE, ver a Rafa Nadal en París y desear suerte a la selección española de fútbol, Huerta ya lo está pasando mal.

Se encuentra en la cuerda floja tras saberse que defraudó a Hacienda más de 200.000 euros durante los ejercicios fiscales de 2006, 2007 y 2008. A primera hora de la mañana habló con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que le insistió en la necesidad de que sus ministros fueran “transparentes”. “¿Cómo no voy a ser transparente?”, le contestó Huerta.

A pesar de la altísima presión en todo el arco parlamentario, el ministro se mantiene aferrado a su puesto y sin comparecer públicamente. "Mis obligaciones tributarias están al corriente y no tengo ninguna duda moral ni conflicto. No hubo mala fe sino responsabilidad como ciudadano”, aseguró en Onda Cero.

Un asunto "abierto"
Sánchez le respalda. Al menos, de momento. “Nos parecen explicaciones bien fundadas. El Gobierno está tranquilo. El ministro está al corriente de sus obligaciones fiscales”, señala un portavoz del Ejecutivo. Sin embargo, otras fuentes gubernamentales apuntan que el asunto sigue “abierto”. El titular de Cultura, por lo tanto, podría caer.

Huerta no fue la primera opción de Sánchez para encargarse de Cultura y Deporte. El periodista y escritor (Utiel, Valencia, 1971) empezó su carrera en los informativos y después trabajó durante una década en 'El programa de Ana Rosa', espacio que abandonó por dos motivos: respeto al espectador y ganas de evolucionar.

Sorprendente nombramiento como ministro
Su nombramiento como ministro causó cierto estupor debido a que el resto de carteras estaban ocupadas por primeros espadas. Premio Primavera de Novela por 'La noche soñada' y tuitero sin complejos, Huerta tuvo que admitir que el deporte no era lo suyo aunque aseguró que lo amaría a partir de ahora.

Cuando Sánchez estaba tanteando a todos los futuros ministros -incluido Huerta- les preguntó expresamente por posibles nubarrones que pudieran empañar su gestión con sombras de corrupción, una línea roja que el presidente no iba a admitir después de haber echado al Gobierno de Mariano Rajoy. Huerta no le comentó nada acerca de su pasado con Hacienda porque, a su entender, formaba parte de su vida privada, según ha explicado en la cadena SER.

Màxim Huerta, mal asesorado
Fuentes cercanas al ministro explican que el problema que Huerta tuvo con Hacienda no es un caso único sino que afectó, en su día, a muchos colaboradores de las tertulias televisivas y radiofónicas y también deportistas, actores y otros profesionales. Todos ellos creaban sociedades para que sus ingresos tributaran menos que con la fórmula (más gravosa) del IRPF. Huerta también asoció los gastos de una casa en Alicante a esa sociedad, llamada Almaximo Profesionales de la Imagen SL y de la que era único accionista.

Cuando Hacienda puso bajo su lupa esta situación, el periodista y escritor recurrió el caso a los tribunales. Y perdió. Esas mismas fuentes cercanas al ministro destacan que, con toda probabilidad, el titular de Cultura estuvo mal aconsejado por parte del asesor que le llevaba las cuentas. También dejan claro que, una vez sentenciado, lo primero que hizo fue "pagar" la cantidad exigida por el fisco.

Efectivamente, el máximo responsable de la política cultural y deportiva en España fue condenado en el 2017 por fraude fiscal en los ejercicios 2006, 2007 y 2008 cuando colaboraba en 'El programa de Ana Rosa', según dos sentencias del Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM), que desestimó los recursos presentados por Huerta, según ha desvelado ‘El Confidencial'. En total, defraudó a Hacienda 218.322 euros. El fisco le reclamó esa cantidad, a la que sumó los intereses y dos multas de más de 100.000 euros.

ALD/ElPeriodico

 

13/06/2018